viernes, 24 de agosto de 2012

El jefe Diego




Después de mucho escribir y borrar, he llegado a la conclusión de que la mejor manera para empezar a hablar del jefe Diego es esta:

Yo tenía 15 años (aproximadamente) y tu abuelo siempre me hablaba y me molestaba, una vez pasó en un caballo, me agarró, me subió y me robó…  -palabras de mi abuela-

No llegue a conocer a fondo a mi abuelo, pero en el poco tiempo que viví a su lado y de lo poco que he escuchado y me han contado puedo deducir que era alguien que hacia lo que quería y sabía cómo obtenerlo, uno de esos ya casi escasos machos mexicanos, como las películas de Pedro Infante o Jorge Negrete, así es como me lo imagino, hoy les voy a hablar desde mi perspectiva a los 5-8 años más o menos.

No fui su primer nieto, pero sí el primer nieto varón y esto me dio mucha ventaja a la hora de que mi abuelo decidía a que nieto se llevaba a pasear, pasaba mucho tiempo con él, me llevaba a su trabajo, una vidriería en donde él era el master chief, ahí conocí a sus amigos que casi todos los días me daban dulces o me llevaban a la tienda para comprar cualquier cosa que se me antojaba.

Mi abuelo presumía con sus amigos, “él es mi nieto” les decía, y yo feliz de la vida. Tenía un auto de esos que ahora son clásicos, creo que era un valiant en el que yo ocupaba el asiento del copiloto todas las veces, no se a que velocidades manejaba mi abuelo pero en cada viaje que había en la familia, yo pedía viajar con él a todos lados porque decía que manejaba como los Ducks de hazzard, él fue uno de mis primeros héroes.

Lo deje de ver durante toda mi estancia en Tijuana y cuando regresé, ya no era un niño, ya no pudimos retomar esa relación que teníamos antes de que me fuera, muchas cosas influyeron pero viéndolo en retrospectiva, ahora desearía haber hecho un intento por pasar más tiempo con él.

Su muerte fue la primera desgracia que yo pasaba en la vida, el abuelo muchas veces había entrado al hospital pero en todas ellas salía al poco tiempo, ya le habían advertido que se cuidara, pero mi abuelo nunca hacía caso y seguía viviendo la vida como él la disfrutaba. Una de esas veces, ya no pudo salir del hospital, ese día yo acababa de llegar de la escuela y mi papá me convenció de ir a verlo, estaba esperando mi turno cuando vi que salió uno de mis tíos llorando, no lo pensé y me metí corriendo al hospital,  estaba llorando y el policía que custodia la entrada ya no hizo nada para impedir mi paso, llegue a verlo pero ya no pude decirle nada, sólo los que han pasado algo similar entenderán lo que sentí en ese momento, incluso ahora que lo recuerdo no puedo evitar un sentimiento de dolor y ganas de llorar.

Tiempo después, estaba tomando en la calle y se unieron con nosotros unos señores, de esos de la colonia, no sé de que estaban platicando pero uno de ellos mencionó a mi abuelo y uno de mis amigos le dijo “él es su nieto” el señor me pregunto si era cierto y una vez confirmado me contó historias de él con el jefe Diego, viajes y aventuras que pasaron juntos y al final me dijo

Tu abuelo era un cabrón, el más chingón que he conocido, se la sabia de todas, todas, pase muy buenos tiempos con él. Toma -me pasó su cerveza- digamos salud por don Diego, donde quiera que esté…

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